El día que casi salgo del closet, Parte II
(Continuando con el post anterior)
Mientras sigo buscando excusas, y encomendándome a los dioses paganos, salgo rogando no encontrarme con ellos en la puerta del dpto. Tomo el ascensor y bajo, mis padres y dos de mis sobrinos están esperando afuera. Afortunadamente el guardia es uno de los nuevos y no los conoce, así que no les abrió. Salgo afuera, los saludo, abrazo a mis sobrinitos y haciendo tiempo me pongo a preguntarles cosas, y en ese momento Mati, el gurrumín de 4 añitos, tiene una fantástica idea que en otro momento me hubiese parecido capricho: quiere un nosequesorchito del quiosco que está cruzando la calle.
-¿Me esperan? Vamos hasta el quiosco y volvemos – le digo a mis viejos
Mi señora madre en ese momento reta a mi sobrinito porque ya había empezado a pedir cosas pero como soy una tía muy buena insisto intentado aprovechar cualquier oportunidad que me permita demorar un rato más. En eso veo la puerta del ascensor que se abre, baja Vane, saluda al guardia, abre la puerta de calle, y murmurando un “Hola, que tal” como se le dice a un vecino desconocido, pasa a nuestro lado y se aleja del lugar rápidamente. En ese momento recién respiré…
Subo con mis viejos, entro y empiezo a ver que no haya nada fuera de su lugar… Todo está en orden. A los 5 minutos un mensaje de texto: “me dejé las llaves en tu dpto, ¿me las alcanzarías?”
Busco las llaves, bajo a dárselas, está esperándome en la puerta de la playa de estacionamiento, se las doy y entre risas me confiesa que se sintió una “pata de lana”, yo: una grandulona pava.
A todo esto: la cara del guardia era impagable!, no entendía nada, o mejor dicho: debe haber empezado a entender todo, porque vernos juntas todo el tiempo y que cuando vengan mis padres nos hagamos las que no nos conocemos, ja! (me tiró un comentario medio indirecto en estos días, pero me hice olímpicamente la sota)
En feeeeen, casi casi me caigo del closet (me salvé por un pelito, me salvé).

